El fundador del emblemático grupo salteño repasa cuatro décadas de trayectoria. La génesis en las Carmelitas, el impacto de “Con el alma”, las voces “gastadas pero sonadoras” y la convicción de que la música nativa siempre está viva. “Con el diario del lunes, aquel primer disco tenía una idea clara y contundente”, reflexiona.
Dice Mario Teruel que el tiempo es el que va marcando el camino, aunque a esta altura de la historia resulta innegable que ellos también marcaron un sendero propio. Cuando el folclore atravesaba una etapa de estancamiento, Los Nocheros irrumpieron con una propuesta fresca, jugada, rompiendo moldes estéticos y sonoros. Cuarenta años después, con cambios de integrantes, discos históricos y una vigencia indestructible, la voz y guitarra del grupo se sienta a charlar en El Fogón para hacer un viaje de la memoria al presente.
Antes de ser la banda multitudinaria que llenó estadios, Los Nocheros eran simplemente “changos” sin dimensión exacta de lo que el futuro les tenía preparado. Todo comenzó en un lugar insospechado: el coro de la Iglesia de Las Carmelitas de Salta, dirigido por Daniel Ahumada.
“A mí me lleva a tocar la guitarra La Moro, porque ella cantaba ahí e iba siempre a esa iglesia”, rememora Mario con el cariño intacto de aquella época formativa. “Faltaba un violero y me llevó. Para mí fue un momento grato porque uno andaba conociendo cantores. Por ese coro pasaron músicos re grosos que después cantaron en varios grupos de Salta. Siempre me acuerdo de todos los chicos; han visto cosas magníficas”.
De aquellos pasillos religiosos y de las peñas tradicionales como la Gaucho de Güemes, la historia fue hilvanando una identidad propia hasta desembocar en el estudio de grabación para darle vida a su álbum debut: Los Nocheros “con el alma, el disco que cambió las reglas del juego”
Al preguntarle por los recuerdos de aquel disco fundacional, Teruel sonríe, se acomoda en la silla y deja que la nostalgia fluya.
“Me acuerdo de ir a grabarlo al estudio La Triada, en Buenos Aires, de los hermanos Iseas. Todas las noches terminábamos de grabar y nos íbamos a tomar el colectivo que nos llevaba a Mataderos, a la casa de un amigo donde dormíamos, para al otro día volver a grabar”, evoca.
Aunque no le gusta calificar un álbum como “el mejor” de la carrera —por la carga emocional y artística que cada etapa conlleva—, no duda en otorgarle a ese trabajo una jerarquía única:
“El primer disco, ‘Con el alma’, es el más importante de nosotros porque nos hizo conocer y mostró una idea nueva. Hoy, con el diario del lunes, escucho eso y siento una idea clara, contundente y súper fresca para ese momento. Las cosas que hemos soñado se cumplieron, pero la realidad terminó siendo mucho más grande. La gente fue incorporando nuestra propuesta cancionera de a poco y de manera incondicional”.
A cuatro décadas de dar los primeros pasos, la formación de Los Nocheros atravesó diversas etapas, partidas dolorosas como las de Quique y Jorge, y la incorporación de sangre nueva. Hoy, la posta la sostienen Mario Teruel y Rubén EHizaguirre junto a Álvaro Teruel.
“No tenía pensado jamás que se podía llegar a 40 años de canto”, confiesa Mario. “Acá estamos con el Negro Rubén; así como comenzamos a cantar a dúo, ahora seguimos los dos con el acompañamiento de Álvaro, que está cantando de una manera impresionante. Las gargantas del Negro y la mía están gastadas, pero todavía andan sonadoras”.
El agradecimiento al público es el eje sobre el cual orbita esta etapa festiva. Tras el arranque de los festejos en La Roka(salta) y con presentaciones en Mar del Plata y Buenos Aires, la gira nacional no detiene su marcha.
“El folclore nunca se pasa, la llama sigue prendida”
A la hora de analizar la vigencia del grupo y su capacidad para aggiornarse a los tiempos corrientes —como la reciente colaboración con Eugenio Quevedo y otros exponentes jóvenes—, Teruel asume con naturalidad las nuevas dinámicas del mercado musical.
“Es la modalidad de ahora y hay que hacerlo. Tenemos canciones para hacer solos y otras programadas para grabar con otros artistas”, anticipa, guardándose los nombres bajo siete llaves.
Sin embargo, a la hora de reflexionar sobre la salud del género folclórico y su rol en la historia, Mario marca una postura clara y humilde:
“Yo no siento que cuando nosotros salimos se le haya dado bola al folclore: nos daban bola a nosotros. Gracias al boom que hicimos, los festivales cobraron muchísima fuerza, pero el festival seguía estando porque estaban todos los otros artistas. Hoy pasa lo mismo: el folclore siempre está. Cuando pasan las movidas, el marketing y la parte comercial, el folclore no se pasa, la llama sigue prendida. Eso nos da la tranquilidad de que siempre habrá chicos nuevos y una canción que nos vuelva a sorprender”.
La gira acampaña una gran banda de musicos dos horas de clásicos y una banda de lujo
Para la velada de los 40 años, la banda preparo un despliegue de dos horas de duración, con luces, visuales de alto nivel y un recorrido nostálgico por sus grandes éxitos.
“El problema no es qué canción ponemos en el nuevo show, sino siempre qué canción sacamos”, bromea Mario sobre la dificultad de armar la lista de temas. “Preguntamos en las redes qué quieren escuchar. Hicimos un repaso por cada disco con las canciones que la gente reconoce a la primera. Cuando la energía fluye de esa manera, el show se hace poderoso”.
En la parte musical, Los Nocheros continúan respaldados por una banda que Teruel define como “de nivel sudamericano”: “Palin” Sosa en batería, Ramón Vivas en bajo, German Mercado en teclados y arreglos, Tomás Fontanesi (un virtuoso cordobés de 21 años) en guitarra eléctrica, y los coros a cargo de Ania Banchíg, Florencia Carmona y Santino, el nieto de Mario.
“Esa es la bandurria”, concluye entre risas el músico salteño, dejando abierta la invitación para celebrar cuatro décadas de canciones que ya forman parte del patrimonio sentimental de varias generaciones.


