La identidad del Festival de Jesús María cambia para la edición 61°

Renueva su logo e identidad institucional para reflejar una impronta moderna y disruptiva, sin perder la esencia tradicionalista que lo convirtió en uno de los eventos culturales más importantes de la Argentina.

Los grandes festivales populares no son museos inmóviles. Son organismos vivos que crecen, evolucionan y dialogan con cada generación que los adopta como propios. En ese camino de transformación permanente, el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María presentó una nueva identidad visual de cara a su 61ª edición, reafirmando su liderazgo cultural y su capacidad para adaptarse a los tiempos que corren.

La renovación incluye un nuevo logo e identidad institucional que busca reflejar una imagen más moderna, dinámica y disruptiva, sin resignar los valores tradicionales que forman parte de su ADN desde hace más de seis décadas.
La decisión no es casual. En los últimos años, Jesús María experimentó una notable ampliación de sus públicos, incorporando nuevas expresiones musicales y convocando a generaciones que encuentran en el festival un espacio de encuentro, celebración y pertenencia. Así como en su momento apostó con gran acierto a sumar el cuarteto —considerado por muchos como una expresión del folclore popular cordobés— y posteriormente otros géneros masivos, hoy el desafío pasa por construir una identidad visual capaz de representar esa diversidad cultural..
Desde la edición número 53, la diseñadora Mariel Giusti lidera el equipo creativo encargado de acompañar la evolución estética del festival. Sin embargo, para esta nueva etapa se impulsó una transformación más profunda, pensada para consolidar una marca contemporánea y proyectarla hacia el futuro.
El histórico jinete, símbolo que apareció por primera vez en 1971 y que durante décadas identificó al festival, fue atravesando diferentes modificaciones. En esta oportunidad, el rediseño propone una síntesis visual más limpia y moderna, inspirada en la arquitectura del Anfiteatro José Hernández y en los elementos que conforman la identidad del evento.
El nuevo logotipo entrelaza tres letras fundamentales:
* F, por Festival, su carácter folklórico y federal.
* J, por la jineteada y en homenaje a José Hernández.
* M, por el escenario Martín Fierro, la música y la magia de cada noche.
La paleta cromática también tiene un fuerte sentido simbólico. El celeste remite a la bandera argentina, mientras que el rojo, dorado y negro evocan la identidad local y los colores del tradicional poncho oficial del festival.
Además, la nueva imagen conserva un elemento esencial de su historia: las figuras de los niños, representación del espíritu solidario que impulsan las cooperadoras escolares y miles de voluntarios que sostienen la organización del evento año tras año.
Más que un simple cambio de logo, se trata de una declaración de principios. Los tiempos cambian, los públicos se transforman y las formas de comunicar también. Mantener viva una tradición no significa resistirse al cambio, sino encontrar nuevas maneras de contar la misma historia.
Jesús María parece haber entendido que la mejor forma de honrar su legado es seguir evolucionando. Porque la tradición no se fortalece encerrándose sobre sí misma, sino abriendo sus puertas a nuevas generaciones, nuevas tribus culturales y nuevas formas de vivir la música y las costumbres populares.
La esencia permanece intacta. Lo que cambia es la manera de mostrarla al mundo.
 

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