Hay artistas que interpretan canciones. Y hay artistas que se convierten en territorio. La Negra Chagra pertenece a esa categoría rara y necesaria: cuando canta, el Norte argentino deja de ser geografía para transformarse en emoción, memoria y resistencia.
Con más de cuatro décadas de camino recorrido, la cantora salteña vuelve a abrazar la raíz profunda de América Latina con su sexto trabajo discográfico, un proyecto conceptual que atraviesa fronteras, generaciones y culturas. Una obra que nació mucho antes de entrar al estudio de grabación; comenzó en los años 80, cuando una joven cantora descubría junto a Sara Mamani que la música también podía ser una forma de rebeldía.
“Teníamos un grupo llamado Mensaje. En esa época nos bajaban de los escenarios y hasta nos sacaban de los concursos porque tocábamos con bajo eléctrico y hacíamos música latinoamericana”, recuerda entre risas y nostalgia. Aquella experiencia marcó para siempre su camino artístico. “Sara me enseñó muchísimo. Me cautivó su mirada sobre la música y sobre América Latina”.Como los grandes ríos que nacen en la montaña y recorren países enteros antes de llegar al mar, la carrera de La Negra Chagra fue construyendo un puente entre Salta y el continente. Por eso este nuevo álbum aparece como una especie de regreso a casa.
“Siempre hago trabajos conceptuales. Esta vez quise darme un gusto y grabar un disco de folklore latinoamericano”, cuenta.
No es un detalle menor. Durante años, su repertorio estuvo profundamente ligado al paisaje cultural del Norte argentino. Incluso recuerda una conversación decisiva con el maestro Jaime Torres durante la grabación de “Pequeños Testigos”.
“Yo quería grabar un tema de Rubén Blades y Jaime Torres me dijo: ‘No es lógico, primero tenés que hacer las cosas del Norte. Más adelante podrás hacer lo que quieras’. Tenía razón.”Décadas después, ese “más adelante” finalmente llegó.
“Andando Latinoamérica” es un mapa musical del continente
Si los discos todavía pueden contar historias, “Andando Latinoamérica” es una de esas obras que se escuchan como quien recorre un camino. No es una colección de canciones; es un viaje.
La Negra Chagra toma la brújula de la memoria y se interna por los senderos culturales de un continente que se reconoce en sus luchas, sus amores, sus dolores y sus celebraciones. Cada tema funciona como una posta en ese recorrido donde el Norte argentino dialoga con Chile, Uruguay, Brasil, México, Colombia, Bolivia y hasta Japón.
La travesía comienza con “Amores Bailando”, de Isabel Parra, una de las voces fundamentales de la Nueva Canción Chilena. Allí aparece la América profunda, la que aprendió a transformar las heridas en belleza y la resistencia en poesía.
Luego llega “Pal Abrojal”, del inolvidable José Carbajal “El Sabalero”, una canción nacida a orillas del Río de la Plata que trae consigo la identidad popular uruguaya, esa que encuentra en las pequeñas historias la dimensión universal de los pueblos.
En “Allá viene un corazón”, una pieza anónima del cancionero popular interpretada junto a Magdalena León, emerge la tradición oral latinoamericana. Es la voz colectiva de generaciones que transmitieron historias, sueños y esperanzas mucho antes de que existieran los escenarios.
El corazón conceptual del álbum aparece en “Andando”, composición de Julián y Benicio Díaz, junto al salteño Valentín Chocobar. El título parece resumir toda la propuesta artística: seguir caminando, seguir cantando, seguir construyendo identidad desde el movimiento permanente de los pueblos latinoamericanos.
La ruta continúa hacia Brasil con “Mambembe”, del inmenso Chico Buarque, nuevamente junto a Magdalena León. Allí la música cruza idiomas pero conserva intacta la emoción. Porque la cultura latinoamericana habla muchas lenguas, aunque comparte una misma sensibilidad.
Uno de los momentos más conmovedores llega con “De qué callada manera”, sobre poesía de Nicolás Guillén y música de Pablo Milanés. Cuba aparece en el horizonte del disco con una de las canciones más delicadas y profundas de la canción latinoamericana.
La fiesta popular irrumpe con “La Bruja”, clásico mexicano interpretado junto a Patricia Noval. Es el México de las tradiciones, de las celebraciones colectivas y de una identidad cultural que sigue fascinando a generaciones enteras de artistas.
Las “Coplas de Cundinamarca”, nuevamente junto a Magdalena León, trasladan al oyente hacia Colombia. Allí la canción recupera la riqueza de las expresiones populares y la sabiduría de los pueblos que hicieron de la música una forma de contar su historia.
Uno de los puntos más altos del álbum llega con “En el funeral del río”, de Luis Rico, interpretada junto a Sandra Aguirre. La canción se convierte en una reflexión poética sobre la naturaleza, la memoria y los cambios de una América Latina que busca preservar sus raíces frente a las transformaciones del tiempo.
Y cuando el viaje parece concluir, aparece una joya inesperada: “La paciencia pobrecita”, de María Elena Walsh. Una autora que, como pocas, supo transformar la ternura en pensamiento crítico y la sencillez en profundidad artística.
Así, “Andando Latinoamérica” termina revelándose como algo más que un disco. Es una declaración estética y cultural. Un puente entre generaciones, países y tradiciones. Una obra que confirma que la música popular sigue siendo uno de los lenguajes más poderosos para contar quiénes somos.
Porque mientras existan artistas como La Negra Chagra, América Latina seguirá encontrando en sus canciones una manera de reconocerse frente al espejo.
Entre las canciones aparece un bonus track “Omoide” (“Recuerdos”), del compositor japonés Tsunekichi Suzuki, interpretada junto a Yvonne Lavigne.
La inspiración surgió a partir de la serie japonesa Midnight Diner, conocida en español como “La Cantina de Medianoche”.”Son pequeñas historias de la noche de Tokio, de una cantina en el barrio de Shinjuku. Me conmovió profundamente y sentí que esa sensibilidad también dialogaba con nuestras historias latinoamericanas”, explica.
“Trabajó con los mismos músicos desde hace más de veinte años. Ellos son parte del proyecto, proponen ideas, arreglos y enriquecen cada canción.”
La acompañan Leonel Iglesias en arreglos, guitarra y dirección musical; Adriana Leguizamón en arreglos y acordeón; Hernán Islas en percusión; además de las incorporaciones de Valentín Chocobar, Daniel Pérez y Marie Crouzeix.
El álbum también cuenta con invitados especiales como Sandra Aguirre, Magdalena León, Patricia Noval, Yvonne Lavigne y el salteño Valentín Chocobar.
Si la música latinoamericana tiene montañas sagradas, una de ellas lleva el nombre de Chavela Vargas. Y La Negra Chagra tuvo el privilegio de compartir escenario y amistad con la legendaria artista.
La emoción todavía se percibe en su voz cuando recuerda aquellos encuentros.
“Canté con Chavela en el Luna Park y después nació una amistad muy linda. Me invitaron a su cumpleaños junto a artistas como Lila Downs, Julieta Venegas y Eugenia León.”
Hay una imagen que permanece intacta.”En el Teatro Ciudad esperanza Iris de México, Chavela ya estaba muy enferma. Sin embargo llenó el teatro por mi. En un momento bajé del escenario y cantamos juntas un fragmento de ‘No soy de aquí ni soy de allá’. El teatro literalmente se venía abajo. Fue único, irrepetible.”
“Era una mujer increíble. Hacía llorar hasta las piedras cuando cantaba. Tenía un sentido del humor extraordinario, una ironía brillante y una sonrisa permanente.”
La Negra Chagra ha llevado su música por Francia, México y distintos escenarios del mundo. Sin embargo, observa con preocupación la realidad cultural actual.”No hay demasiados espacios para difundir esta música. Faltan lugares y falta presencia en los medios.”Aun así, lejos de resignarse, sigue construyendo canciones como quien enciende fogones en medio de la noche.
Porque su historia comenzó entre las montañas de Salta, abrazó a América Latina, cruzó océanos y regresó convertida en una de las voces más representativas de la canción popular argentina.
Como esas viejas coplas que atraviesan generaciones, La Negra Chagra continúa recordándonos que el Norte no es solamente un punto en el mapa: es una forma de mirar el mundo.
